Empezar desde la nada

Imagen DAVID CASTRO

El Periódico, 8 de julio del 2018

La reunión de Sánchez y Torra puede servir para acabar con la fosa de silencio y desprecio abierta entre ambos mundos

De los presidentes se espera principalmente que ejerzan de presidentes. Si países y ciudadanos están en sus manos parece lógico proyectar en ellos un plus de inteligencia, mayor control emocional y dosis más elevadas de capacidad para sortear dificultades que aquellas con la que debemos conformarnos el resto de los mortales. Vamos, que una cosa es ser presidente y otra bien distinta oficiar de animoso parroquiano acodado en el garito de la esquina.

Cinco minutos en un bar son suficientes para acabar con la delincuencia, la corrupción, la especulación, el hambre en el mundo y también, por supuesto, para construir un Estado (si es lo que se pretende) o, en su versión contraria, aplastar un movimiento independentista. Ni siquiera es necesario que la bebida sea larga, a veces con un chupito basta para atajar de raíz problemas que arrastramos desde que nos pusimos en pie para aprender a caminar. Después a casa y hasta el trago del día siguiente.

La reunión entre Pedro Sánchez y Quim Torra (primero el equipo local, como en el fútbol) va a celebrarse en el palacio de la Moncloa, así que es plausible confiar en que ambos presidentes sean conscientes que el cuñadismo de caña y tapa que acompaña a una parte del soberanismo y a gran parte del constitucionalismo quizá sirva para una declaración televisiva, pero no para la gravedad del problema que deberán tratar ambos dirigentes.

Torra puede estrenarse en el registro de un presidente sabedor que no tiene por qué renunciar a nada, que puede plantearlo todo con la firmeza, dureza y exigencia que considere y, al mismo tiempo, tener presentes los ingredientes básicos que conforman la lógica de la política; esto es, la gestión del tiempo y mantener un abanico de posibilidades mucho más amplio que los que ofrece una moneda echada a cara y cruz.

Lo mismo vale para Sánchez, que deberá demostrar que, a diferencia de su predecesor, está dispuesto a escuchar sin tachar de majadería lo que se le propone desde el soberanismo. El inquilino de la Moncloa tampoco está obligado a renunciar a nada. Basta con que dé carta de naturaleza a algo tan básico como es el reconocimiento del independentismo como interlocutor político válido, puesto que viene siendo avalado democráticamente por las urnas de manera reiterada.

Las señales previas que han emitido ambos interlocutores parecen ir en buena dirección. Sánchez ha forzado la máquina para que los primeros presos fuesen trasladados a cárceles catalanas antes de la reunión y Torra, por su parte, avanzó en el Parlament que su intención es repetir la reunión de presidentes con él como anfitrión en el Palau de la Generalitat en septiembre. También es un buen augurio que Ciudadanos ande cazando moscas desde que se abrió el nuevo escenario político con el PSOE y que el PP ande hasta arriba de trabajo desojando la margarita de su liderazgo.

¿Buenos augurios? Fracaso y éxito se miden por las expectativas generadas por un acontecimiento. La reunión puede servir para acabar con la fosa de silencio y desprecio abierta entre ambos mundos. Hay que empezar desde la nada. Y nada, en este caso, sería ya mucho.